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Información extraida de Ciudad Internet del 3 de Abril de 2002

 

 

En el vigésimo aniversario de la Guerra de Malvinas la problemática sobre la identidad y soberanía nacional sigue vigente. Además, reflexiones de un veterano de guerra y el acto nacional.
"El pueblo quiere saber de qué se trata (...). Las circunstancias hacen que ejerza la primera Magistratura del país como Presidente de la Nación, representando a todos ustedes" pronunciaba desafiante

Leopoldo Fortunato Galtieri, en la plaza de Mayo ante cientos de miles de personas, el 10 de abril de 1982 "Acá están reunidos obreros, empresarios, intelectuales, todos los hombres de la vida nacional en la unión nacional, en procura del bienestar de país y su dignidad. Que sepa el mundo, América, que un pueblo con voluntad decidida como el pueblo argentino que si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla".

Veinte años atrás la dictadura militar daba sus últimos manotazos de ahogado. Una de las estrategias políticas para sobrevivir y acrecentar parte de su poder, fue la de entrar en guerra contra Gran Bretaña por la recuperación de las Islas Malvinas. La idea era ocuparlas (sin "dar de baja" a ningún poblador) y provocar la intervención de las Naciones Unidas en el conflicto para discutir, desde otra posición, los derechos argentinos sobre las mismas. Se lograba de esta manera unir a la sociedad tras una causa común de soberanía nacional, poner sobre el tapete el tema de la descolonización y el patriotismo y de esta manera, alcanzar la perpetuación en el poder.

Además, la Junta Militar creía que en este emprendimiento, Estados Unidos (país con el que se mantenían relaciones carnales por participar activamente, entre otros puntos, en la cruzada anticomunista de los '80) brindaría su total apoyo a los argentinos derechos y humanos. Expectativa frustrada, pues no sólo no ofreció ayuda sino que dio información estratégica a los ingleses, con quienes poseía un vínculo histórico de sangre y afinidad de intereses tras la segunda guerra mundial. A la Junta no le fue mejor con la actitud del Gobierno chileno, quienes deberían "cuidarnos las espaldas", mientras intervenían las comunicaciones argentinas, realizaban "inteligencia" para Gran Bretaña y emprendían sospechosos movimientos de tropas en la frontera.


Reconstruir la historia argentina no es tarea sencilla (por el contrario, precisa de un esfuerzo de todos). Y particularmente la de las Islas Australes, tampoco; pues los orígenes del conflicto se remontan al Virreinato español del siglo XVIII y la Corona inglesa, pasan por la independencia de 1810, los derechos históricos, los diversos tratados internacionales, los intereses políticos y económicos que fueron teniendo Inglaterra y la República Argentina a través de dos siglos y desembocan en los momentos coyunturales de gobiernos como el de Margaret Tatcher (que estaba al borde del abismo), el repudiable trío de este país y la complejísima actualidad.

La polémica sigue abierta. No caben dudas que la guerra fue perdida; y que entre los "errores" cometidos, los combatientes fueron devueltos a Buenos Aires de noche ingresando por la puerta de atrás, como si de esta manera fuera posible ocultar la derrota, desarmar la memoria. En un momento de crisis como el que atraviesa la sociedad, "nosotros luchamos por los derechos de Argentina, por recuperar la identidad" afirma Adrián Campana, veterano de guerra que se niega a ser llamado ex-combatiente "porque seguimos peleándola" (ver "Breve testimonio"). Los interrogantes sobre soberanía, sobre el ser argentino, el proyecto de país deseado y posible, están candentes y exigen la elaboración de respuestas colectivas. Quizás, las peculiaridades de estos días, sean propicias para recrear otra historia.