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Información extraida del diario Clarin del 3 de Abril de 2002

 

MALVINAS, 20 AÑOS DESPUES: EDUARDO DUHALDE, AYER EN USHUAIA
"Vamos a recuperar Malvinas con fe, trabajo y perseverancia"

El Presidente encabezó el acto por el aniversario del desembarco en las islas. "No hay título de posesión más fuerte que el que otorga la sangre", dijo. Participaron unos 2.600 ex combatientes.


Pablo Calvo. ENVIADO ESPECIAL.
Tiempo estimado de lectura 3'28''

 

GESTO. DUHALDE ARROJA CLAVELES AL CANAL BEAGLE
EN HOMENAJE A LOS CAIDOS EN MALVINAS, AYER, EN USHUAIA.
(Foto: Guillermo Gallardo)

Las Malvinas son irrenunciablemente nuestras. Las lágrimas y la sangre de nuestros héroes regaron sus playas y sus montes, y no hay título de posesión más fuerte que el que otorga la sangre." La reivindicación del presidente Eduardo Duhalde fue escuchada ayer en la bahía Encerrada de Ushuaia por 2.600 ex combatientes. Fue la mayor reunión en 20 años de los soldados que pelearon en el Atlántico Sur. Y el gesto más enfático del Gobierno en su desatendida política hacia las islas.

Acosado por la crisis económica y social, la administración Duhalde nunca puso hasta ahora la cuestión Malvinas entre sus prioridades. El Presidente trató de compensar ayer ese déficit volando 7.080 kilómetros en diez horas para estar en el acto que se hizo aquí y también en el que se hizo por la tarde en Buenos Aires.

En su esfuerzo discursivo, Duhalde repitió cinco veces: "Vamos a recuperar las islas", pero no presentó caminos innovadores en esa búsqueda.

"Las Malvinas son nuestras. Vamos a recuperarlas. No con la guerra, sino con trabajo, fe, paciencia, perseverancia y con la solidaridad y apoyo de las naciones hermanas", dijo Duhalde. Y recordó los reclamos hasta ahora estériles de la comunidad internacional para que Londres se siente a discutir el problema y la letra de la Constitución Nacional, que presente la recuperación de las Malvinas como un objetivo "permanente e irrenunciable".

Los soldados, llegados desde todas las provincias, se reencontraron a la madrugada a la orilla del canal Beagle y esperaron el sol alrededor de fogones de dos metros de altura. Tomaron litros de mate cocido y repasaron recuerdos hasta las 9, cuando comenzaron a prepararse para el desfile.

El paso de los combatientes por la costanera Maipú, aferrados a una Bandera argentina de dos kilómetros, fue aplaudido durante una hora y media. Cuando llegó Duhalde con la comitiva oficial, la gente casi no les prestó atención: seguía mirando el desfile y aplaudiendo a los veteranos.

La parte más emotiva del acto fue al inicio, cuando el cantante lírico Darío Volonté, náufrago del Crucero General Belgrano, entonó Aurora, la canción de la Bandera. Lo acompañó la Banda Aérea Naval Austral, que tuvo que bajar los tonos de las partituras originales para estar a medida. Otro que tocó a la par fue el bombista de los presidentes peronistas Tula, vestido con una camiseta de la Selección que decía "Las Malvinas son Argentinas". Era el único de los cinco mil presentes en manga corta, pese a los 8 grados.

Duhalde se sacó fotos con los soldados, les entregó medallas, les agradeció la valentía en las batallas de Prado del Ganso, Monte Kent, Dos Hermanas y Monte Longdon y arrojó claveles rosas al canal Beagle, en homenaje a los caídos.

"Es nuestro deber darle significado a todo ese heroísmo. Los infantes pelearon cuerpo a cuerpo contra soldados profesionales, los aviadores pusieron en jaque a una elite con sus anticuados aviones Mirage y Skyhawk, y los marinos combatieron como leones mientras lloraban a sus compañeros en el hundimiento del Belgrano", resaltó Duhalde, luego de izar una Bandera con el sol de guerra.

Los párrafos picantes fueron del gobernador de Tierra del Fuego, Carlos Manfredotti, quien calificó al colonialismo como "una pesadilla de la historia". Les dijo a los veteranos: "Estoy seguro de que siguen pensando en volver a las islas. Tienen la mejor arma, la verdad, que los invasores jamás podrán tener". Tanta distancia quiso tomar que para no pronunciar nada en inglés llegó a decir que defendía la soberanía sobre las islas Malvinas, las Georgias y las "Sánguches" del sur.

Los combatientes viajaron toda la Semana Santa para poder llegar al acto central. Vinieron desde La Quiaca, a 5.171 kilómetros, en la otra punta del mapa; hicieron un minuto de silencio en el Monumento a los Caídos en Retiro, a 3.040 kilómetros; y llegaron aquí para orientar la mirada hacia las Malvinas, que están a sólo 620 kilómetros de esta costa fueguina.

Los recibió una ciudad pintada de celeste y blanco, con edificios, autos y vidrieras repletos de calcomanías y escudos con la silueta de las islas, con vecinos dispuestos a dar alojamiento gratuito a los soldados y con todas las fuerzas vivas presentes en el acto con un abanderado. Fue un paisaje de difícil imitación.

Tan cuidadas fueron las palabras de Duhalde que no se permitió pronunciar ni una coma fuera del discurso que tenía apoyado en su atril marrón. Dicen que estaba preocupado por la presencia en el país de la misión del Fondo Monetario Internacional, a quien tiene decidido no irritar con demagogias domésticas.

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