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Información extraida del diario Clarin del 12 de Marzo de 2003

UN DESTRUCTOR DERRIBO UN HELICOPTERO PROPIO

Trágico error británico en plena guerra de Malvinas ( 1982 )

Fue un error militar de consecuencias trágicas y un hecho desconocido por años: durante la guerra por Malvinas, una nave británica derribó un helicóptero propio con un disparo de misil, y mató a sus cuatro tripulantes, según acaba de revelar una investigación de la televisión de ese país.

Apenas finalizado el conflicto, el Ministerio de Defensa británico ocultó la verdad a los familiares de las víctimas. Y recién al cabo de dos investigaciones -que llevaron tres años- admitió cómo ocurrieron las cosas realmente.

El misil partió del destructor HMS Cardiff, que no logró reconocer al helicóptero, en una misión nocturna sobre el archipiélago, en la región austral de la isla Soledad, la misma donde están Puerto Argentino y el cementerio argentino de Darwin.

La acción del Cardiff fue defendida años más tarde por al comandante de la fuerza de tareas británicas que Margaret Thatcher lanzó al Atlántico sur para recuperar las islas, almirante John "Sandy" Woodward. Este hombre, que luego de la guerra fue nombrado sir, dijo que el capitán de la nave no tuvo otra opción que disparar los misiles porque no recibió ninguna señal de que una nave británica volaba en la zona. Había llegado al área sin dar advertencia alguna, rompiendo una regla de oro de la guerra.

Las autoridades de Defensa británicas insistieron durante un tiempo en que el helicóptero se había estrellado debido a la escasa visibilidad en el momento del hecho. Uno de los primeros en conocer la verdad fue el cirujano naval Rick Jolly, a cargo del hospital de campaña de Ajax Bay: al examinar los cadáveres, se dio cuenta de que las heridas tenían más relación con las que provoca un misil que un helicóptero al estrellarse. Fue lo que explicó durante el documental televisivo.

El programa no reveló, en cambio, lo que pudo haber sido otro error -muchísimo mayor- del mismo buque y apenas una hora más tarde del primero.

El radar del Cardiff detectó a cuatro pequeños botes que se le aproximaban en la oscuridad, presumiblemente repletos de soldados. Y su tripulación tuvo una primera reacción instintiva: creyó que eran lanchas patrulleras argentinas.

Pero, antes de disparar sus misiles, el Cardiff lanzó esta vez bengalas para iluminar el área. Así, sobre la hora, se evitó el tremendo error de aniquilar a cuatro buques anfibios con 600 soldados británicos que se dirigían a tomar posiciones en Bluff Cove.

Hubiera sido la equivocación más sangrienta de la guerra de 1982. Y con toda seguridad la peor matanza: hubieran muerto muchos más que los 323 marinos que se fueron a pique junto con el crucero argentino General Belgrano.

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